sábado, 24 de noviembre de 2007

Una clase de preparación al parto

Ya se me ha pasado un poco pero el viernes viví uno de los momentos más extraños de los últimos meses. Como padre que va de moderno y que ha entendido lo de la igualdad acompañé a María a una clase de preparación al parto. No iba muy convencido pero tampoco quería que ella fuese la única que entrase sola en la clase. Llegamos a la consulta. La primera impresión no me gustó y encontrarme con tantos hombres acompañando a sus mujeres -o vete tú a saber- me dio mala espina. Intenté relajarme. "Vamos, Borja, pon buena cara", me decía a mí mismo. De repente, una puerta se abre y unas 30 personas salen de una habitación que parecía el camarote de los Hermanos Marx. La primera consecuencia era evidente...un pestazo de padre y muy señor mío. La habitación, con menos ventilación que el sobaco de Bud Spencer, presentaba una contaminación que la 'boina' de Madrid me parece de risa. Varias hileras de esterillas te obligaban a sentarte rodeado de toda una manada de parejas. Lo primero que hace todo el mundo es quitarse los zapatos. Me ahorro los comentarios sobre el olor. Estuve casi diez minutos intentando concentrarme en no vomitar. En el centro de la sala se sentó la 'experta' del tema. Resulta que nos habíamos perdido la clase del parto y el viernes tocaba postparto. Y allí se arrancó aquella doctorcilla sacada del peor de los sueños de Pepiño Blanco. Como si fuese una invitada a "El club de la comedia", empezó a explicarnos desde cómo debe ser el sueño del bebé hasta cómo tiene que ser la higiene de la madre. Vamos, sin ahorrarse ningún detalle y repitiendo los mismos chistecitos que debe arrancar las sonrisitas fáciles y picaronas viernes tras viernes, la 'expertita' intentó convencernos de que somos unos irresponsables y que ella tenía todas las respuestas. ¡Qué asco! ¡Qué falta de pudor! Allí se hablaba de todo como si fuese una charla futbolera de taberna. Me dio mucha pena ver que, con tal de sacarte el dinero -bueno, se lo sacan a tu seguro-, son capaces de venderte unas burras...Además, os ahorro los comentarios de la susodicha sobre temas de sexo o métodos anticonceptivos. Me fastidió ver que la única alternativa que te ofrece una 'experta' es el preservativo. De verdad, lamentable. ¡Ojalá los médicos que valen la pena piensen en montar consultas de este tipo porque se puede hacer mucho bien...o mucho mal! Eso depende de si te habla un experto o una aspirante al Club de la comedia rebotada. Iré al quirófano sin sabr más de lo que sabía antes...quiero ver nacer a Covadonga y ayudar a María.
PD: Mi hermano me ha llamado desde Roma. Ya es diácono. A ver si mañana me llega alguna foto y la 'subo'.

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