Por la noche no hubo mucha gente. Algunos que vinieron a hacer su turno a horas intempestivas y otros que estuvimos toda la noche -apenas cuatro-.
A las ocho de la mañana, unas veinte personas nos concentrmaos ante el abortorio Dátor. Jesús Poveda había preparado el espectáculo de cada año. Esta vez se trataba de disfrazarse de monje budista como los que movilizaron al pueblo birmano. Como siempre, se trató de un encuentro festivo y divertido. Varias dotaciones policiales dieron algo de color a la jornada. Los asesinos de la Dátor decían que tenían miedo...y allí estábamos un 'gruppetto' formado, principalmente por adolescentes. A eso de mediodía tuve que volver a casa para cuidar de Covadonga.
Entre el Metro y el autobús traté de hacer balance -difícil cuando no has dormido en toda la noche-. ¿La jornada había sido un éxito o un fracaso? ¿por qué no viene más gente a estas cosas? ¿por qué tengo que sentirme culpable por no ir a una manifestación porque no ponen la bandera española en un ayuntamiento vasco y luego nadie hace nada por salvar la vida a inocentes?...
Desde luego, si nos fijamos sólo en números, la jornada fue un rotundo fracaso. Si nos fijamos en los hechos, estamos ante el mayor éxito de la Historia. HECHO 1: durante el 28-D no se mataron niños en los centros abortistas. HECHO 2: un puñadito de gente joven -entre 15 y 25 años- estuvo en la concentración. Parece que hay gente comprometida para ilusionar a la nueva generación. HECHO 3: cuando llegué a casa Covadonga me miraba con unos ojos especiales -os he puesto una foto-. Creo que me decía 'Gracias, papá, por salvar a niños de mi edad'. HECHO 4: hay gente que se ha quedado con una 'semilla' en su conciencia y, quien sabe, a lo mejor se unen a la causa. HECHO 5: deberíamos hacer más a menudo lo de la Adoración al Santísimo. ¡Cuántas cosas arreglaríamos!
Este post no es un reproche, es un canto a la Vida. Covadonga quiere dar las gracias a los que estuvistéis o hicistéis el esfuerzo de intentarlo.
PD: América, gracias por visitarnos. ¡Feliz Navidad!






Después de escuchar a ZP -valiente mentiroso-, a Rajoy -¡qué cobarde!- y leer todas las informaciones que están surgiendo a raíz de los casos de abortos ilegales, me da en la nariz que la batalla va a ser feroz. El demonio -sí, sí, he escrito 'el demonio'- se debe estar revolviendo en su odio. Después de tantos años viendo que los hombres éramos capaces de matar a niños inocentes sin despeinarnos, de repente observa cómo empiezan a meter en la cárcel a sus secuaces. Por eso el contraataque va a ser brutal.










El de la foto es Santiago. Es mi cuñado y mi ahijado de Confirmación. A sus quince años va a recibir toda una 'condecoración': va a ser el padrino de Covadonga. Este verano, un sábado en Sanxenxo nos fuimos a cenar él y yo a un churrasco que se llama O Forno. Allí comimos costillas hasta que nos sacaron con poleas. Le dí la noticia de que iba a ser el padrino. Creo que no se lo esperaba para nada y le hizo mucha ilusión. Su nombre encabezaba una lista de muy buenos candidatos al puesto pero, finalmente, nos decantamos por él. Es un tío noble, sincero y con un peculiar -pero agudizado- sentido de la responsabilidad que, pese a sus quince años, sabrá poner al servicio de la educación de su ahijada. Además, pese a lo que digan las malas lenguas, su elección no ha sido para contar con un 'canguro' seguro cada fin de semana que queramos ir al cine -aunque de eso también habrá-. En la foto sale con indumentaria de oficial de la Armada española el día de la boda de su hermana Isabel en Mallorca. Pero eso es otro capítulo.