domingo, 3 de febrero de 2008

Las jugarretas de Covadonga

Ella es así. Tiene sus momentos -todos buenos- y está cada día más guapa. Pero también aprende cada minuto que pasa. Ya no se ríe por 'casualidad'. Ahora fija la vista, le gustan las pedorretas, disfruta cuando le hablas, se ríe con los silbidos y sigue alucinando cuando papá -es decir, yo- le canta El camino que lleva a Belén, un villancico que le canté en Navidad y que se ha convertido en su canción de cuna.
(Me está resultando difícil escribir este post porque me parto viendo la foto)
Bueno, cuando empezó a despuntar el alba del sábado, me tocó darle el biberón. A las 06.40 Hora Zulú me tocó levantarme. La niña tenía un hambre de muerte y se zampó el biberón como Truli se ventila un orco. En apenas media hora, ella ya estaba en disposición de volver a la piltra. La dejé en la cuna con el convencimiento de que podría dormir un par de horas más. Cuando iba a directo a zambullirme en la almohada, un ligero gemidito dio a entender que Covadonga tenía ganas de jarana. Volví a levantarme. Total, tuve que quedarme con ella ¡una hora más!. Mi gozo en un pozo.
Sin embargo, ese tiempo me sirvió para darme cuenta de varias cosas. Covadonga disfruta con mis bostezos. No sé si lo hace porque le gusta reírse de verme cansado o por el sonido que produce. De la misma forma, he descubierto que a ella le calma mucho que le dé palmaditas en el pañal o tamborilee en su pierna. Se queda cuajada. La verdad es que está muy graciosa. Y como este es su blog -aunque yo cuente muchas historias-, me apetecía contar estas historias.
La pena es que cada día que pasa, no volverá. Por eso no quiero perderme todos estos momentos..aunque me llamen cursi.

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