miércoles, 16 de abril de 2008

El Cielo en la Tierra

Si trato de resumir en un solo post las maravillas del pasado fin de semana me voy a quedar muy corto. Pero lo voy a intentar. Seis amigos -y la pequeña Covadonga- salimos el pasado viernes camino del norte de España. Gracias a Macarena y Álvaro que nos dejaron su furgoneta y eso nos permitió compartir un maravilloso viaje.
A las 19.00 estábamos entrando en los lindes de Colosía, un pequeño pueblo de cinco casas -y no es un decir como podéis ver en la foto- que se encuentra en la frontera entre Asturias y Cantabria. Allí tiene sus raíces Alicia, la mujer de Pablo.
La llegada nos sirvió para instalarnos y prepararnos para lo que iba a ser la primera parada gastronómica de un fin de semana en el que llevábamos en la mochila dos objetivos: alimentar el alma y alimentar el cuerpo.
Casa Poli es un clásico de la gastronomía de la zona. Unos tortos con picadillo y unos chorizos a la sidra fueron el antepalco perfecto de unos solomillos que se cortaban sólo con mirarlos. Al llegar a casa, Juanito el Caminante acompañó una larga y sentida velada.
A la mañana siguiente llegó el momento mágico del fin de semana. Yo tenía mis dudas de que pudiésemos llevar a Covadonga ante su Patrona. Pero tanto Truli como Alicia, Pablo y Valvanera estaban de acuerdo en ir allí.
He de reconocer que se me puso la piel de gallina desde varios kilómetros antes. Cuando te acercas a las faldas de Covadonga empiezas a sentir que el manto de Nuestra Madre empieza a cubrirte. Las preocupaciones desaparecen y las quejas se quedan en el bolsillo. Aunque llevaba muchas angustias a mi alrededor, lo único que me salía era dar gracias a Dios por todas las cosas buenas, y humanamente no tan buenas, que nos regala cada día. 17 meses antes había pisado aquella tierra dedicada a la Virgen y le había pedido dos cosas: un bebé y la curación milagrosa de una persona conocida. Año y medio después entré en la 'Cova' con una niña de cuatro meses en brazos y con la imagen en la mente de una amiga sana y feliz. (Claro, deben de ser casualidades).
Después de una buena Confesión -joder, que necesario es- y asistir a Misa en la Basílica, fuimos a la Cueva Santa. Antes de llegar, en el túnel que te conduce hacia la Virgen, te encuentras el Himno a la Virgen de Covadonga -pongo una foto-.
Y después te encuentras a la Virgen. Allí está, siempre acompañada. Era sábado y llevaba un precioso manto azul con ribetes de oro. '¡Qué guapa estás!', me salió del alma. María y yo nos pusimos a su vera. Susurramos unas palabras de agradecimiento. 'Aquí tienes a nuestra hija...tu hija. Guíala y acompáñala toda su vida', le pedimos. No voy a negar que me emocioné bastante. Eran tantas cosas, tantas peticiones, tanto cariño, tantos cuidados de Nuestra Madre...El día siguiente a la operación que me tuvo a un tris de llevarme al otro barrio coincidió con la fiesta de la Natividad de la Virgen que es cuando se celebra el día de la Virgen de Covadonga. Me vinieron a la cabeza aquellos días de incertidumbre y cierto desasosiego. Volví a dar gracias. ¿De qué me voy a quejar? No puedo. Miré a un lado. No puedo, perdón, no puedo.
Cuando terminamos nuestra visita a la Virgen era ya algo tarde. Terminamos en Naves, un pequeño pueblo cerca de La Franca que tiene en su territorio uno de los restaurantes más geniales que he conocido: "El Cabañón". Fabes, provoleta, chorizo a la sidra, albóndigas...todo para compartir antes de que trajesen una parrillada de carne de la que no pude sacar fotos.
La tarde-noche discurrió plácida en casa de Alicia. El domingo por la mañana apenas nos dejó tiempo para recoger la casa, escuchar Misa en Panes y salir hacia Linares, un pueblo casi tan pequeño como Colosía donde Dios ha permitido que se construya la taberna perfecta. Una planta baja revestida de madera con una chimenea donde se oye chisporrotear a las llamas aunque no esté encendida. Dos mesas con el tapete preparado, las cartas y los amarracos. Arriba, una sala con cuatro mesas para comer. No hay carta. El menú es cerrado: patatas con costillas o fabes -aun sueño con aquel perolo- y de segundo cualquier tipo de carne; postre, vino, café, chupito...15 euros por persona. Lo dejo a la imaginación de cada uno.
Empezaba a hacerse tarde y había que salir de camino a Madrid. Gracias a Pablo pudimos vivir un momento único. Paramos en santo Toribio de Liébana. Allí se custodia el trozo más grande de la Cruz de Cristo. Vale que no es dogma de fe pero la tradición es muy fuerte. No puedo explicar lo que supone rozar con los labios el madero donde estuvo clavada la Salvación del mundo. A veces lo pienso y se me cae la cara de vergüenza. En España tenemos el sudario de Cristo (Oviedo), varios lignum crucis, el Santo Grial (Valencia), se ha aparecido la Virgen en varios lugares...nos van a pedir unas cuentas...Señor, ayúdanos a llevar la Cruz.
Llegamos a Madrid en un tris. Vaya viaje que nos habíamos marcado. Fue perfecto. Me hubiese gustado poder compartir aquella experiencia con todos mis amigos. Espero que la Virgen nos lo conceda.
He descansado, pensado y rezado mucho. En Colosía uno se da cuenta de que, a veces, va por la vida como pollo sin cabeza, agobiado por cien mil historias y sumergido en su mundo de burbuproblemas. Es un comentario recurrente, lo sé, pero qué pocas veces ponemos en práctica los antídotos contra un estrés imaginario. Te pueden agradecer que organices un plan como éste pero nunca puedes agradecer del todo el ejemplo, cariño, fortaleza, alegría y serenidad del que te ves rodeado.
La pregunta que me queda en la mente es: ¿volvemos de Covadonga con otros dos milagros?

4 comentarios:

  1. Bueno, Bonito y Barato resumen (¿pagas algo por el mantenimiento del Blog?). El único 'pero' es que para que Colosia, Linares y demás lugares sigan así, el truco es: que no lo conozca nadie.
    Sin embargo, Covadonga y Santo Toribio del Liebana, lo debería conocer todo españolito.
    Saludos cordiales a los lectores del blog. Como diría un colega: Hasta luego, hastaluego.

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  2. Hola Borja, soy tu ex compi Ana V. Veo que tu pequeña está preciosa y vosotros radiantes de felicidad. No he podido resistirme a contestar esta vez a tu relato porque, tú sabes lo que yo pienso y lo descreída que es una servidora, pero tus palabras en las descripción de la visita a la Virgen de Covadonga rezuman una tranquilidad absolutamente contagiosa. Y estoy un poquito necesitada de ese sosiego... Gracias. Un abrazo muy fuerte.

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  3. Hola, Anilla. Bueno, es que la Virgen es así. Es Nuestra Madre. Así nos trata, nos quiere y nos espera con los brazos abiertos. Y cuando uno descansa en el ragazo de la Virgen TODO cobra sentido: las alegrías, las penas, los sacrificios, las lágrimas, el desconcierto...Y luego miras a Jesús en la Cruz...¿se puede querer más que Él? Él está tan enamorado de nosotros que sólo desea que le demos un beso, pidamos perdón y le cojamos la mano para llevarnos con él. Bueno, perdón por el 'sermón' y manda saludos a la tropa. Un beso
    PD: a ver si llevo a Covadonga para que la conozcáis.

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  4. Espectacular Borja, realmente este es el mejor artículo que te he leido nunca, y sin duda me he emocionado, y eso que lo viví en mis propias carnes (o en las de las vacas que nos hemos comido....). Enhorabuena y gracias por esa pluma.
    Viva la Santina!!!!

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