lunes, 5 de mayo de 2008

Un bautizo de altura

Ayer fue el bautizo de mi sobrina Fabiola. Después de un nacimiento de incertidumbre, donde estuvo más muerta que viva, ayer se fundió en un abrazo bestial con Dios. No pude acudir porque todavía estaba recuperándome de las anginas -¿puedes dejar de quejarte?- pero fue un día muy especial para todos. Los milagros ocurren...cada día. Y a veces somos tan tercos que el Señor nos los pone delante de nuestras narices y no nos damos ni cuenta.
Me alegro por Fabiola. Esperamos cosas grandes de ella.

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