lunes, 26 de mayo de 2008

Un paseo por Roma

Quien diga que 'patearse' una ciudad de buenas a primeras es entretenido debería hacérselo mirar. Siempre termina cansando y dejando secuelas. Eso fue lo que nos pasó el viernes. Es verdad que el día había empezado muy pronto. El despertador sonó a las 04.30 de la madrugada. Yo había estado la noche anterior en Londres invitado por el bufete Lovells y tampoco había dormido mucho.
Terminar de hacer la maleta y no olvidarse nada fueron las consignas para esas horas de la ¿noche? ¿mañana?. La pobre Covadonga andaba algo despistada. No entendía muy bien por qué la despertábamos tan temprano.
Llegamos pronto al aeropuerto pero sin muchos alardes. Lo justito para, después de facturar, tomar un cafetito y embarcar. Gracias al personal de Iberia. Esta vez nos hemos sentido tratados por especial cariño.
El vuelo transcurrió sin ninguna incidencia y llegamos al hotel a eso de las 11.30 de la mañana. Es verdad que madrugar tiene sus inconvenientes, pero tiene la ventaja de que aprovechas el día al máximo -como no podía de otra manera-.
A eso de las 12.30, y tras un mítico viaje en el metro, ya estábamos haciendo cola para entrar en la tumba de JP2. Es increíble porque la gente prefería hacer una interminable cola para subir a la cúpula de la basílica antes que ver las tumbas de los Papas.
Pudimos pararnos ante la tumba de JP2. Verme allí acompañado de mi mujer y de mi hija me supuso un momento de mucha emoción. Recordé en un instante todos los momentos que había compartido con JP2 -y a veces con otro millón de personas- y me emocioné. Recordé a mis compañeros de Expansión con los que viví el fallecimiento de JP2. Recé por ellos y sus familias. Y abrí mi lista mental de intenciones. Mi familia -de sangre y política-, mis ahijados, mis amigos y sus necesidades y preocupaciones, mis enfermos, la Iglesia, el Papa, los sacerdotes, el seminarista, los asuntos laborales, los amigos que no conocen a Dios y sus familias...bueno, no voy a desplegar todo lo que allí salió pero creo que no me dejé nada. JP2 marcó mi vida de muchas maneras y quería agradecérselo personalmente. Como anécdota cuento que mientras estábamos allí rezando en un silencio respetuoso, Covadonga, mirando al infinito como si no fuese con ella, dejó escapar dos sonoras ventosidades que alguno pensó que había sido su padre el que había aprovechado la coyuntura...
La comida transcurrió con pausa y alegría. Mis padres, mi hermano Iñigo y nosotros. No había visto a Íñigo vestido de sacerdote 'en directo' y he de reconocer que no me impresionó mucho. Me encantó abrazarle. Las anécdotas, los comentarios y las confidencias me las guardo para consumo interno.
María , Covadonga y yo optamos por desmarcarnos del plan original y seguimos nuestro camino. Ahí empezó el 'pateo'. Ya desglosaré algunas 'imágenes' de ese paseo pero visitamos una de las zonas de Roma que más me gustan que es las callejuelas adyacentes a Piazza Navona. Un espectáculo. Están repletas de anticuarios y son un canto a la nostalgia y el buen gusto. Estábamos frescos y disfrutamos.
La primera parada fue el atrio de la iglesia de Santa María de la Pace. Tras alguna renovación, allí han puesto una cafetería en el primer piso. Allí van estudiantes de Arquitectura y Bellas Artes a dibujar y tratar de reflejar la belleza de aquellas columnas. Me acordé allí de Naner, de Guso y de Juanpi. Disfrutarían.
La siguiente parada fue un gelato en una coqueta heladería que descubrimos en esas callejuelas. Pongo dos fotos: una es del callejón donde estaba situada y otra es de la cara de Covadonga ante el helado. Va a salir a su padre.

Pero como no perdíamos el norte de nuestro viaje, llegaba la hora de dar gracias. El lugar fue la iglesia de san Agustín. Allí se encuentra la Madonna del Parto. A ella se le pide para que vayan bien los embarazos, que lleguen esos embarazos...el caso es que frente a Nuestra Madre rezamos el Rosario para darle gracias por Covadonga -ante esta imagen pedí hace tiempo por nosotros- y pedirle por todos los bebés de nuestros hermanos y amigos que ya son una realidad o que vienen en camino -y algunos para que vengan en camino-. Además, como es tradición, dejamos una foto de Covadonga en el álbum a los pies de la Virgen.
Pero la tarde no había hecho más que empezar.
El Panteón, la iglesia de Il Gesú, san Ignacio, la Piazza di Spagna -donde hicimos una buena 'placa' de María en la scalinata-, la Fontana di Trevi...no dejamos monumento sin visitar. el recorrido fue largo y con un momento especial cuando descubrimos una pequeña iglesia en la que pudimos asistir a Misa.
Entonces fue cuando Covadonga pidió comer y decidimos acompañarla con unos combinados en una maravillosa terraza junto a la Fonta di Trevi. Fue sólo el aperitivo de una romántica cena en las callejuelas junto a la Vía del Corso. El día había sido largo, intenso y con emociones muy fuertes. Era el momento de irse para el hotel a descansar. A las doce de la noche me metí en la cama y, antes de que la cabeza tocase la almohada, ya me había dormido. Estaba agostado. Y el día siguiente iba a ser mucho más emocionante.

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