lunes, 2 de junio de 2008

El día después de la Ordenación

Después de unos días de ajetreo, vuelvo a ponerme a los mandos del teclado para contar algunas de las cosas de Roma que se quedaron en el tintero.
De momento, me sitúo en las 6.30 horas del domingo 25 de mayo. La noche anterior, después de unas copas, había terminado a eso de las dos de la madrugada. Por ello, sumaba una noche más en las que no pasaba de las 4 horas y media de sueño. A eso de las 8.45 había que estar limpios y aseaditos en Via Conciliacione. Desde allí, unos autobuses nos iban a llevar hasta Cavabianca, una casa de la Obra donde tendríamos una tertulia con el Prelado del Opus Dei, don Javier Echevarría.
Es verdad que azucé en demasía a la tropa y llegamos a la cita con algo de antelación. Pero la espera fue maravillosa -al menos a mí me lo pareció-. Via Conciliacione te llevaba la vista hasta la inmensidad del Vaticano. ¡Qué cerca y que lejos! Me dí cuenta de que estaba acostumbrado a poder llegar en un par de horas al centro de la Critiandad. Y esa costumbre, claramente, hay que sacudírsela para no dejar de dar Gracias por poder estar cerca de 'La Roca'. Además, aprovechamos para hacer buenas 'placas'. En una de ellas podéis conocer a mi sobrina Victoria, un caramelo de cuatro meses que me tiene robado el corazón. Junto con Fabiola -El Milagro- y Covadonga, forman el trío de princesas. Creo que van a ser tres primas geniales.
Bueno, al tajo. En Cavabianca pudimos disfrutar de un encuentro con don Javier Echevarría, el Padre, como le llaman los miembros del Opus Dei, y muchos otros que se sienten muy cercanos a la Obra.
En estas tertulias, la gente le hace preguntas a don Javier sobre cualquier tema. En esta ocasión, la primera pregunta la hizo mi madre. Con las gafas descabalgadas -como siempre las lleva- y el acento andaluz, 'doña Zó' arrancó las risas de los presentes.
Nunca había estado en una tertulia con don Javier. Sí había asistido, hace años, a algún encuentro con don Álvaro del Portillo, anterior Prelado. Don Javier me sorprendió. Estaba en todos los detalles y traslucía una cercanía que no me extraña que la gente le llame 'Padre'. Es la suerte de la gente dela Obra. Mira que hay críticas al Opus Dei incluso desde gente 'cercana'. No lo entiendo. Son ganas de tirar piedras a los que hacen las cosas bien. Pero me parece que eso no son más que 'alegrías'...
Tuve que seguir la tertulia desde fuera de la sala porque Covadonga decidió mostrar sus dotes de soprano en ciernes. Así que, para no molestar, estuve fuera. Don Javier contó una anécdota muy divertida en la que una madre le mostró las fotos de sus hijos para que los bendijera. Él lo hizo y le dijo: "Yo bendigo a los hijos pidiendo a Dios que sean miembros del Opus Dei". La señora dudó un instante y sentenció: "Entonces no le enseño la foto de mis hijas". Contó la anécdota con mucha gracia y arrancó la carcajada general. El caso es que, al terminar la tertulia y después de que don Javier diese la bendición, mi hermana Macarena -que también tuvo que estar fuera por Victoria- me hizo ver una puerta que llevaba directamente hasta el estrado. Así que, sin pensarlo dos veces, entramos con seguridad 'hasta la cocina' y nos plantamos, con Covadonga y Victoria, detrás de don Javier: "Padre, bendiga a las niñas". "Pero si acabo de dar una bendición...", se sonrió. "Ya sabéis que las bendigo para que sean numerarias", nos sonrió, a lo que no me salió otra contestación que: "Pues me parece fenomenal". Él las bendijo y nos hizo alguna pregunta más. Fue genial. Siempre he mostrado mis preferencias por el futuro de mi hija. Sólo espero que haga lo que Dios le pida.
Después salimos corriendo al rezo del Angelus con B16. Llegamos un pelín tarde y la Piazza di San Pietro estaba hasta la bandera así que sólo nos quedó recibir la bendición del Papa -aunque le viésemos pequeñito- y rezar mucho por él. Luego pudimos hacernos una foto con una pancarta que habíamos hecho para la ocasión y que pudimos desplegar en la Piazza.
Aquí se puede ver a Mariana -fotógrafa oficial y con éxito del viaje- y a mi hermana Macarena con su niña Victoria.

También allí pudimos hacernos esta foto de los tres hermanos mayores. Ahora la veo y vuelven los recuerdos a embotarme la mente: las chapas, los cromos, el fútbol...

Desde el Vaticano iniciamos un maravilloso paseo -corto pero intenso- hasta el restaurante donde habíamos reservado para 30 personas. María y Covadonga fueron de las primeras en llegar. La comida fue espectacular. La pasta, la birra y el limoncello corrieron por doquier. Y las anécdotas salpicaron todos los platos. Una maravilla.
Después de la comida, el 'grueso' de la familia -no me refiero a mí sino a un buen número de hermanos- se fueron de turismo. María, Covadonga y yo, con mucha pena, tuvimos que empezar el viaje de regreso. Pero antes paramos en la Plaza de San Pedro a rezar el Rosario en los escalones de uno de los lados de la Columnatta, con los pies desnudos refrescándose en los adoquines y a la vista de la imagen de la Virgen que hay en la piazza -Mater Eclessiae-. Fue un Rosario muy especial. Allí es fácil rezar por el Papa que, unas ventanas más arriba, trabajaba, incluso en domingo, para que los católicos podamos caminar con paso seguro.
Los trámites del aeropuerto y la llegada a las dos de la mañana a casa me los ahorro. Me quedo con Roma. Me quedo en Roma.

2 comentarios:

  1. Hola Borja. Te escribo para darte la enhorabuena. Soy asidua lectora en el anonimato y me encanta lo que escribes. Enhorabuena por la ordenación de tu hermano, tu familia, y por tener la cabeza tan bien amueblada. Que ejemplo para mucha gente. Me ha encantado tu crónica y como he recordado la de mi hermano hace ya casi siete años. Que lujo verdad?
    Besos para Maria y Covadonga que están la dos guapisimas ( se me cae la baba con tu hija, lo mio son cuatro chicos, jajajajaja
    Lo dicho, sigue asi y enhorabuena.
    Mery

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  2. Hola, 'Mery'. No tengo la cabeza tan bien amueblada, lo único es que, con muchos años de retraso, he perdido los respetos humanos. Lo de la ordenación fue genial y mis chicas son un regalo del Cielo.

    Un beso.

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