miércoles, 21 de enero de 2009

El seminario

Ayer estuve en la Adoración al Santísimo que se celebra en el seminario de Madrid todos los martes a las 21.00. Creo que alguna vez os he hablado de ello.
Es un acto muy sencillo en el que vas, fundamentalmente, a descansar. Llegas algo apurado de tiempo, con cien mil preocupaciones en la cabeza -bueno, alguna menos-, dándole vueltas a muchos asuntos, con el desasosiego propio de un panorama incierto. Sabes que todo va a ir bien porque bien agarradito de la mano de Dios la vida es más sencilla. Entras en la capilla del seminario y todo está oscuro. Sólo un foco ilumina al Rey de reyes, REALMENTE presente en la Sagrada Hostia. Allí está. Es un pan blanco pero si entornas los ojos puedes ver los brazos abiertos de Jesús. Su sonrisa, tras la barba muy estudiada, te sobrecoge. Sus ojos te atraviesan de cariño y, de repente, oyes esa frase que he leído mil veces en el Evangelio: "Venid a mí los que estéis agobiados" y notas que una mano te arranca del corazón todas las cosas que no tienen importancia. (Que no se agobien algunas de mis lectoras. No pasa nada especial).
Tienes una hora por delante para hablar con Él...si tu quieres. Un grupo de jóvenes consigue, con su música y sus letras, que el ambiente de recogimiento sea mayor. El incienso te abraza y hace más fácil el diálogo. Es oración. A veces más fácil. Otros días, más seca. Es contar tus cosas y escuchar la voz de Dios que te cuenta sus cosas. Es hablar de Covadonga, de María, de los enanos que vienen de camino, de la familia -de sangre y política-, de los amigos y sus bebés que vienen en camino y de los amigos que esperan esperar. Es dar muchas gracias, y volver a dar gracias, y dar más gracias. Y, por supuesto, pedir, que para eso somos hombres.
Y terminas emocionándote con el canto al Señor ("Nunca sabré cuanto costó ver el pecado en la cruz". Vaya frase) y con la canción a la Virgen. Se te pone la piel de gallina, te emocionas mirando la imagen de la Virgen y diciéndole...(bueno, esto ya me lo callo)
La hora se pasa demasiado rápido. El dolor de cabeza ha desaparecido. El nudo en el estómago se debilita. El corazón late con más fuerza.
Y luego sales y estás con los amigos. Hoy una persona me ha escrito: "Me alegró verte anoche. Es como ir a casa y ver a tus hermanos" -perdón por la indiscreción-.
Termina todo saliendo con algunos amigos a 'apretarse unos vidrios' -porque sabemos disfrutar de la vida como ninguno-.

Perdonad este 'ladrillo' pero os invito a que vengáis. Los martes. A las 21.00. Vale la pena.

2 comentarios:

  1. Qué bien que fueras, Borja. Yo estuve a punto de ir pero la logística se me complicó. Desde que fui la primera vez el martes pasado, iré siempre que pueda. Me di cuenta, que es ir para REZAR, dar Gracias y Adorar al Señor. Eso es, y ya está (no está mal!!!!).
    Animo a las lectoras que se que son, de tu blog. Qué tal aparcaste, Borja?
    Besos MARU

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  2. Tranqui, Marusiña, fui en metro y bus.

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