domingo, 6 de septiembre de 2009

Aniversario de un susto

Hoy, 6 de septiembre, se cumple el segundo aniversario de un día que estuve a un pasito de dejar este mundo.
Era mi segundo día en el nuevo trabajo. Había dejado Alba al principio del verano -me arrepentí desde el primer minutoo- y la llegada a mi nueva redacción había sido magnífica porque conocía a muchos amigos. Mi sucesor en Expansión y y gran periodista, Jaime, me llamó para quedar a comer. Fuimos a Filo. Allí, en la terraza, dimos cuenta de una magnífica hamburguesa. Nos reímos recordando anécdotas y me contó sus planes de futuro.
Al llegar a la redacción, estaba con bastantes molestias en la tripa. No me voy a atascar en dar muchos datos pero, aunque a mí me parecía un molesto episodio de gases, lo cierto es que no conseguía solventarlo. Terminé un pequeño artículo y dije que me iba para casa que no me encontraba bien. Llegué conduciendo a casa y la molestia iba en aumento. Fue pasando el tiempo y, aunque el dolor no crecía mucho, lo cierto es que no me lo quitaba. Probé de todo. A eso de la medianoche, María -embarazada de seis meses- me llevó a Urgencias.
Allí me atendió un médico que me diagnóstico que eran gases. Yo trataba de explicarle que no lograba 'deshacerme' de aquellos gases lo que sugería que fuese otra cosa. Me mandó un laxante 'atómico' y me mandó para casa. Ni con el laxante conseguía encontrarme mejor. A eso de las 3 de la madrugada me levanté molesto y agobiado. Molesto porque seguía el dolor y agobiado porque, evidentemente, no iba a dejar de ir a mi nuevo trabajo al día siguiente por tener unos simples gases.
Media hora después, sin poder dormir y viendo a Rafa Nadal en el US Open, el termómetro marcaba 39,2º. "Qué raro", pensé. Desperté a María quien me despejó a córner con un Espidifen. La fiebre bajó y pude dormir un poco. A las 8 de la mañana volví a los 39,5º. Lalamamos a una doctora que vino a verme a casa. Después de examinarme me dijo: "Mira, no tienes la garganta roja, no tienes problemas respiratorios...está todo bien pero tienes fiebre y un dolor en el abdómen. Creo que deberías volver al hospital a que te hagan análisis".
La verdad es que me daba una pereza enorme. Ya había avisado en el 'curro' de que no iba. Quería quedarme en la cama, sudar la fiebre y descansar. María -quien luego reconoció apesadumbrada que pensaba que yo estaba exagerando un poco- insistió y me llevó al hospital. Debía de ser algo así como las 11 de la mañana.
Esta vez me atendió una doctora. Después de tocarme el estómago por todos los ángulos posibles me dijo: "Es posible que sea un apendicitis. Pero el dolor es fuera del lugar habitual. Puede que tengas el apéndice de una forma muy rara". Las siguientes pruebas demostraron que ella tenía razón. Un apéndice con una forma fuera de lo común estaba dando problemas.
Me dijeron que me iban a operar pero las pruebas preoperatorias y demás se fueron retrasando. Yo seguía con una fiebre muy alta y sólo preguntaba si la habitación tenía tele para poder ver a España en el Europeo de baloncesto.
El tiempo fue pasando y María y mi madre se fueron cabreando. Al parecer, la enfermera había dicho que tenía el apéndice reventado -peritonitis- y que no entendía por qué no me habían subido ya a quirófano. Ellas movieron algunos hilos y entré en quirófano a las 20.00. Me quedé dormido en cuanto me 'enchufaron' la anestesia. Me desperté con una horrorosa sensación de ahogo. Em estaban metiendo un tubo por la boca hasta el estómago. Habían pasado dos horas y media -"¿Por qué tanto tiempo?", me preguntaba yo que pensaba que me iban a operar de un simple apendicitis-.
Llegué a la habitación a eso de las 23.30 de la noche. Me quedé dormido rápidamente.
Yo no era consciente de lo que había pasado pero el médico me lo explicó unos días después. Había estado más pa'llá que pa'cá. El apéndice se había reventado, el laxante había hecho que por el apéndice se hubiese salido 'todo' y varios órganos se habían infectado. "Has estado cerca de morir. Y todavía estás en peligro si la infección pasa a la sangre", me dijo el médico. De regalo, de momento, me llevaba una raja en la tripa como una cornada. De momento estaba abierta y tenía que seguir supurando.
Esa noche no me dí cuenta de muchas cosas. Dormí muy bien empapado en morfina. En un momento abrí los ojos y vía a María tumbada en la cama de al lado. Embarazada de seis meses y estaba allí, a mi lado. Pensé en si había estado cerca de morir. ¿Estaba preparado para encontrarme cara a cara con el Señor? En los siguientes días podría darle vueltas a ese asunto. Cerré los ojos y me pareció sentir una caricia. ¿Si María estaba dormida...?...y me dormí.

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