lunes, 28 de septiembre de 2009

Carmen y las veteranas

Cada vez que queremos hacer un plan en el que vengan incluidas las tres enanas, la intendencia se convierte en un asunto de Estado. No es una queja, es un dato. El caso es que el sábado salimos a mediodía dirección a La Aguilera, un pequeño pueblo a 8 kilómetros de Aranda de Duero. ¿Y que hay allí? Un convento que han prestado a las Clarisas de Lerma para que puedan instalarse porque en el suyo no caben del ingente número de vocaciones de los últimos años.
Íbamos a acompañar a Carmen en uno de los días más felices de su vida -según dijo ella-. Era el día de su entrada en el convento. Con 20 años muy bien llevados, una sonrisa contagiosa y una melena morena que se balancea al ritmo de la generosidad, Carmen estuvo rodeada de muchos amigos en un día tan especial.
Bueno, que me disperso...
No nos costó nada llegar a La Aguilera gracias a las 2.834 indicaciones que Chema, el padre de Carmen, había incluido en el clásico 'Cómo llegar a...'. Covadonga dominaba nuestra 'furgo' desde el último asiento. Casi dos horas de viaje son la distancia perfecta durante la que Covadonga 'alecciona' a Lucía -que habita la maxicosi de al lado- y le echa alguna bronca con monosílabos: "No, Lucía, no". A veces me veo demasiado representado...
Otra vez dispersándome...
El 'nuevo' convento es espectacular. Está todavía en pañales pero las primeras reformas son ilusionantes. El locutorio es moderno, cómodo y con sitio para muchísima gente. Allí nos plantamos María y yo con la sillita de las gemelas y la de Covadonga. Mientras Macarena tomaba su biberón, Carmen iba presentando casi uno a uno a todos los que estábamos allí. En frente, 137 monjas -¡ya, seguro!- se empapaban de cada una de las historias que allí se oían.
La imagen es como la de un circo romano. Las gradas llenas de gente sedienta de batalla y fuego. Sólo buscan las armas para salir de allí y propagar ese "fuego he venido a traer a la tierra y que no quiero sino que arda". Abajo, en vez de cristianos a punto de ser engullidos, se encuentran los diablillos rojos que, como dicen las monjas, nos tirán para abajo todos los días.
Borja, no te distraigas...
En su lado, 137 monjas. En el nuestro, unas 140 personas -sí, sí...la tarde de un sábado soleado- de todos los tipos. Había gente muy a favor, otros que no rezan desde el doblete del Atleti, otros más tibios que una sopa a media tarde, otros consumidos por el fuego del Amor, otros que no entendían nada...pero todos queríamos, de una forma u otra, a Carmen.
He estado varias veces con las clarisas de Lerma. Pero el sábado descubrí detalles importantes. En una de las filas de arriba, entre caras jóvenes y hermanas pizpiretas, se vislumbraba el rostro enjuto y arrugado de las monjas más mayores. Esas que durante 25 años no vieron ninguna vocación y que, en los últimos años, han visto como se multiplica el números de jóvenes que piden ingresar. Ellas son el germen del milagro de Lerma. Y yo, que soy muy cateto, no me había dado cuenta. Ellas, las veteranas, con una confianza y relación con el Amado que yo sólo puedo soñar, han visto como les han revolucionado el cotarro. Han llegado monjas con guitarra que se inventan canciones sobre diablillos rojos, bailan sin vergüenza ante los que vienen a verlas y dan testimonio con la palabra y la alegría. Y no han protestado. Han seguido rezando y seguro que han dado gracias a Dios por cada vocación y cada momento. Allí, entre las jóvenes, se veía a las hermanas más mayores seguir el ritmo de las canciones, hacer alguno de los bailes y sonreir ante las ocurrencias de los invitados. Y entonces lo entendí todo. "Están enAmoradas". Y dí gracias a Dios.
Tierra llamando a Borja, Tierra llamando a Borja...
Habían venido de todos los lugares. El padre Fernando, párroco de Galapagar -que antes pasó por Caná- se trajo un autobús repleto de vecinos y amigos de Carmen. Estuvieron las 'Guadalullamas' -¡qué contentas se pusieron de conocer a las gemelas!-. Amigos que habían estado en Medjugorje. Compañeros de facultad de Carmen. Familiares. Amigos de amigos. Curiosos. ¡Ah, y los del 5ºB! Y todos nos llevamos algo.
El padre Francisco celebró la Misa. Sencillo y ameno. Gran homilía. A nosotros nos tocó seguirlo desde fuera mientras dábamos biberones y aplacábamos a Covadonga. Pero el Señor me regaló una maravillosa perspectiva desde un ventanuco. Allí pude ver las lágrimas contenidas -y otras sin contener- de mucha gente. Llegó el momento de la despedida. Carmen se abrazó con su padre, Chema y...y...¡caray, se me vuelve a hacer el nudo en la garganta! ¡Fue espectacular! Cuanto cariño, cuanta fe, cuanta generosidad, cuanta confianza... Me 'despertó' Covadonga que casi tira un reloj de pared. La miré y le solté un besazo que todavía le duele.
Las monjas pasaron, una a una, a dar un abrazo de bienvenida a la nueva postulanta. Volví a quedarme con la cara de las 'veteranas'. ¡Qué alegría! Han repetido el mismo gesto más de un centenar de veces en los últimos años y siguen mirando a la 'novata' con los ojos que sólo tiene quien sabe ver un milagro.
Después, el locutorio volvió a ser una 'fiesta'. Carmen estaba muy feliz con su nuevo modelito. Y eso llena.
Nos volvimos pronto. Perdimos la batalla con el tráfico y Macarena reclamó su biberón con más intensidad que la que puedes aguantar tras un día de tantas emociones. Pero valió la pena. Llegué a casa y a las lecciones que traía de La Aguilera sumé una de humildad de las buenas.
PD: Lo siento, es difícil atrapar el fuego y ponerlo en Internet.

6 comentarios:

  1. Realmente impactante lo del Lerma. Ojala algun dia pueda pasarme por alli, a ver a todas esas valientes. Gracias por contarnosr este testimonio.

    ResponderEliminar
  2. Hola nosotras tambien somos monjas visita nuestro blog,es precioso tu blog
    http://tumehasllamadojesus.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  3. jo, yo llevo meses intentando ir, pero como no tengo coche ni carnet de conducir, no sé cómo... Ví el vídeo con el Padre Cantalamessa en octubre del año pasado, hasta hoy (y lo que queda!) no puedo dejar de verlo, me lo sé de memoria, y eso que no sé mucho de italiano!! Pero a la par que Jesús me descubría su Amor, Sus miradas, Su voluntad para conmigo, me leí el libro "Clara, ayer y hoy", descubrí a Santa Clara, descubrí a Sor Verónica (la mariposa que se quema y se muere consumiéndose en el fuego) y desde entonces no puedo dejar de pensar en que quiero ir allí, tengo que ir allí...
    Marta (Madrid)

    ResponderEliminar
  4. Marta, ha sido publicar tu comentario y me han escrito tres personas ofreciendose a llevarte...escríbeme a borjamec@gmail.com y te aviso para ir...
    ¡Vas a alucinar!

    ResponderEliminar
  5. Un testimonio precioso el que he leído aquí, me quedo de piedra cuando me informo sobre Lerma, no doy crédito. Yo la verdad es que sí tengo coche y puedo trasladarme en cualquier momento pues no vivo muy lejos, a una hora y poco. Me gustaría por favor que alguien me pudiera informar si se puede ir a visitarlas sin causar molestia, si tienen algún horario en particular, si se puede hablar con ellas. Siendo más sinceros me da un corte tremendo presentarme y sobre todo para alguien que está descubriendo la Fe desde hace muy poco. A lo mejor no les hace gracia el tener tanto visitante y menos alguien que no se aclara mucho todavía, ando muy despistado y no se, de verdad que no se. Tengo miedo de que se enfaden si se les hace una breve visita. Me encantaría verlo con mis propios ojos, ¿es posible tanta alegría en esas personas?. No sabéis lo que daría por escucharlas cinco minutos…

    ResponderEliminar
  6. Se les puede visitar sin problemas. Escríbeme al mail que hay en el comentario anterior y te cuento.

    un saludo.

    ResponderEliminar