domingo, 18 de octubre de 2009

Sublime

El viernes nos invitaron a asistir al ballet. La obra que representaban era El lago de los cisnes, de Tchaikovsky. El plan suponía todo un acontecimiento. En primer lugar porque era uno de los primeros días que íbamos a salir María y yo después de empezar a encauzar a Lucía y Macarena. Por otro lado, era la primera vez que iba a asistir a la danza y la curiosidad me reconcomía. Siempre había sido un 'machote' y nunca me había planteado asistir al ballet, la música clásica, la zarzuela o 'cosas' así.
Empecé a cambiar de idea cuando María me llevó a un par de zarzuelas cuando empezamos a salir. Y me destrozó los esquemas un concierto de música clásica en Chicago.
Al ballet llegaba cansado, con mucho sueño y poco confiado en que fuese a disfrutar del espectáculo. En un momento dado, llegué a planter la posibilidad de escaparnos a uno de los cines vecinos. Al final, me mantuve firme.
Lo primero fue una decepción. La música era grabada y no en directo. Puede que sea lo habitual -no soy un experto- pero pensaba que me iba a encontrar el clásico foso repleto de músicos de postín.
Después de leer el programa de arriba a abajo para entender la historia, fijé la vista en el escenario. Ahí me llevé otra decepción...cada vez veo peor de lejos. Se levantó el telón y se me olvidaron todas las decepciones, males, cansancios, problemas, agobios, dolores... La música te arropa desde la primera corchea y te sumerge en las estancias de palacio. La mente recibe un masaje. No hay que seguir una conversación sólo hay que permitir que cada movimiento penetre en el alma y te guíe por una maravillosa historia de amor.
Sigfrido, el protagonista, creo que estuvo por debajo de los demás papeles principales. Buen bailarín pero no me convenció como 'actor'. No así Odette. Cuando ella entró en el escenario el tiempo se detuvo. La respiración quedaba contenida cuando ella actuaba en solitario o cuando estaba acompañada por los otros 'cisnes'. Su movimiento de piernas, el aleteo de los brazos y la elasticidad de su cuello la transformaban en un cisne encerrado en un lago de tablas. Odette te acerca a una representación cercana a la belleza. La bailarina, Margarita Kamysh, parecía no necesitar esforzarse para atraer hacia sí el reflejop del sol. Junto a ella, Rothbart, el 'malo' -que en todos sitios hay 'buenos' y 'malos'-, es de lo mejor del espectáculo.
El ballet me sobrecogió. La explosión de plasticidad y belleza empapa de regocijo el alma. El frú-frú de los tutús resonaba como el roce de plumas en un baile sincronizado de cisnes. Impresionante.
El espectáculo duró dos horas y media con dos pausas de 15 minutos. Largo pero vibrante. El tiempo pasó como un suspiro y cada acorde ponía en bandeja el deseo por el siguiente. Disfruté, disfruté y disfruté. Me acercó a Dios, que es la BELLEZA.
A mi lado, María reposaba su cansancio en mi hombro desde el segundo acto. Sonreí. Su plan fue descansar...que buena falta le hacía.
PD: En el tercer acto me llegó un sms. Andrés Montes había fallecido. Me impactó. Me gustaba mucho su forma de narrar. Mejor en baloncesto que en fútbol. En la comida había estado hablando mucho de él con un amigo. Ya que estaba cerca de la BELLEZA me salió rezar por él.
PD2: Tchaikovsky hubiese flipado si llega a saber cómo me gustó.

3 comentarios:

  1. Me alegra que hayas vuelto x tu blog. Yo hace unos año vi El lago de los cisnes. Era la primera vez que veia ballet y también me gusto mucho.
    Saludos

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  2. Borja, que bien, el ballet es medicina para el espiritu, y MAria seguro que se relajó con la musica. Estos momentos también son de autentico disfrute.
    Cuentanos de la manifestación que tu seguro que sabes de entresijos y demás.
    Que tal el cole de Covadonga? las niñas ?
    Un beso
    Patty

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  3. La que te hubiese tocado el "Cascanueces" (de Tchaikovsky) hubiese sido tu mujer si llegas a proponerle lo de irte del Ballet. Jejejej. En fin un abrazo.

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