lunes, 21 de diciembre de 2009

Nieve y Belén

Soy un mal padre...y lo reconozco. Hoy, con la nevada que había cubierto Madrid con un impresionante manto blanco, he llevado a Covadonga al cole en lugar de dejarla en casa disfrutando del blanco elemento y yo jugando con ella. Al final ha sido casi suicida coger el coche...pero bueno.
La verdad es que esta nevada acrecienta, aun más, las ganas de que llegue Navidad. Este año es especial, sin duda. El otro día, don David, párroco de Santa Genoveva (Majadahonda), en una homilía sencilla y sin sensiblerías, nos recordó que todavía queda tiempo para prepararse para Navidad. Los preparativos, las cenas de amigos o de la empresa, los planes, las luces, los adornos...muchas veces nos distraen en lugar de ayudarnos a vivir mejor la Navidad. El caso es que don David recordaba que uno puede estar preparándose para recibir a Jesús hasta el último segundo...y en eso estoy.
Tengo mucha ilusión en que nazca el Niño. La verdad es que, si lo piensas un poco, es la bomba. Covadonga, con el cariño que demuestra al Niño, la Virgen, san José, el Ángel y hasta a un pastor decapitado, nos ayuda a centrarnos.
El sábado ganamos indulgencia plenaria. Rezamos el Rosario en familia. Calentitos junto al Belén. Más en familia que nunca. Fuera hacía frío. Debían ser la seis de la tarde. Lucía y Macarena -que han sido sus santos en diciembre- jugaban con los peluches y ensayaban su media vuelta que empiezan ya a poner en práctica. Covadonga nos preparaba un té y una tarta y nos miraba con sorpresa y atención cuando le lanzábamos a la Virgen los piropos encarnados en letanías.
Fue un momento genial.
Queda muy poco para Navidad. Ahora sólo espero que dé tiempo a adecentar la cuadra que es el corazón para que el Niño pueda tener el hueco central. Seguro que san José nos ayuda a conseguirlo. Me lo imagino limpiando las cagadas de la mula y el buey. Ése sí que adecentó la cuadra.

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