lunes, 11 de enero de 2010

Granada y el teniente Colombo

He hecho una visita relámpago a Granada. El motivo no podía ser más alegre: era el bautizo de un chaval que ha tenido la suerte de que sus padres confíen en mí como padrino.
En un primer momento, el bautizo iba a ser una excusa perfecta para que María y yo hiciésemos una cura de sueño postvacacional -que hemos dormido muy poco en Navidad-. Problemas logísticos y de intendencia me han obligado a viajar en solitario y en un visto y no visto.
El viaje en tren ha sido una delicia. Al llegar, tuve oportunidad de sostener en brazos a mi ahijado. Tiene los ojos color avellana y unos mofletes que parece que van a estallar. Le costó salir adelante con unas primeras semanas de mucha angustia. Pero eso forja el carácter. Ahora es rudo y valiente. Su padre dice que es poco sociable y que llora con todos los extraños. En mis brazos se quedó arrulladito y sonriendo. ¿Por qué será?
Por la noche fuimos a dar una vuelta por Granada. Lo de las 'tapas' de Granada merece una mención aparte. Te pides una caña y, de acompañamiento, te ponen una hamburguesa o un montado de tortilla. Mi cara de satisfacción ante la noticia era digna de ser fotografiada. Nos quedamos a las puertas de igualar el récord de 'tapas'. Me dijeron que el teniente Colombo era el dueño de tan digno registro y eché el freno.
Un buen paseo a medianoche hasta el mirador de san Nicolás, con una temperatura que ofrecía guarismos negativos, fue una buena terapia para bajar la cena. Creí que me estaban llevando a la muerte pero, al llegar arriba, pude contemplar una espectacular vista de La Alhambra iluminada y bajo unas estrellas que parecían sacadas de un Belén. Valió -y mucho- la pena.
A la mañana siguiente, cuando pensaba que iba a poder dormir hasta el mediodía, el reloj interno que ya tengo en hora para dar biberones, me despertó a primera hora. Casi bajo a darle el biberón al conserje del hotel. La 'despertada' me sirvió para acudir a Misa a la Virgen de las Angustias. Preciosa iglesia que ayuda a poner a los pies de Nuestra Madre a esos conocidos que están angustiados en estos momentos. Tuve muy presente a dos personas. Después de alimentar el espíritu, alimenté el cuerpo en una chocolatería llamada 'Fútbol' con un chocolate con churros -aquí los llamamos porras- acompañado del Marca que supieron a gloria.
El bautizo fue una maravilla. Don Manuel, el párroco de san Matías -el decimotercer apóstol-, celebró una preciosa ceremonia en la que hubo de todo. Mi ahijado recibió los nombres de Julio Francisco Bosco Timoteo...y le cayeron muy bien.
La comida posterior sirvió para volver a ver a mis primos y familia de Granada, recordar viejos tiempos -mi visita de 1984- y desempolvar anécdotas que nos hicieron reir mucho.
PD: Julio, iré a verte pronto aunque tendremos que zafarnos de tu padre para que no nos monte más excursiones a horas intempestivas.

4 comentarios:

  1. Chaval! Como se nota que eres madrileño...
    Las porras y los churros son diferentes... las porras son más gruesas que los churros. XDDD

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  2. Gran artículo. Me ha traído bonitos recuerdos de las veces que he estado en tierras granadinas. P.D. El récord taperil lo tiene el padre de la criatura. Doy fe.

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  3. Ángel, ¡¡¡claro que sé la diferencia entre 'churro' y 'porra'!!! Lo que pasa es que los churros que me pusieron eran tan grandes que por eso digo que en Madrid los llamamos porras. No eran los clásicos 'churritos' de lazo...
    Colombo, Paco tenía anécdotas de tus escpadas a Granada en cada lugar. Nos reímos mucho. Habrá que ir juntos.

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  4. Pues nada, me alegro que tu experiencia por Granada fue tan agradable. Estoy con Colombo en que el record del tapeo lo tiene la padre de la criatura.
    Lo de la excursión nocturna tiene remedio... la próxima visita en verano, que seguro que se está mejor.
    Un fuerte abrazo desde "La Isla"

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