sábado, 6 de febrero de 2010

Más allá de nuestras posibilidades

Nosotros no tenemos ningún mérito. Incluso cuando hacemos algo bien, no podemos colgarnos esa medalla. Las cosas buenas salen a pesar de nosotros. Por eso mola ver la panda de ineptos de la que se sirve el Señor para que su Mensaje llegue a todo el mundo.
Nos creemos que cuando hacemos algo, la trascendencia de ese acto será ínfima. Y llegará el día del Juicio Final -o el del Particular- y Jesús nos dirá: "¡Estuviste genial cuando salvaste a Mengano!". "¿Pero quien es Mengano?", preguntaremos sorprendidos. Y el Señor, riéndose de nuestra 'humanidad' dirá: "Aquel de la tercera fila. Te vio bendecir la mesa en un restaurante y le pilló justo en unos días de replanteamiento de la vida y..."
Esta situación que es imaginaria -¿o no?- es sólo un reflejo del impacto que tienen nuestras vidas en las de otros. En los siete meses que estuve trabajando en el semanario ALBA me ocurrió un par de veces algo increíble. Una señora llamó para dar las gracias por un reportaje que habíamos escrito sobre Fundación Madrina. Se lo había llevado a su hija, que pensaba abortar, y ahora tenía a su nieta en brazos. Sin duda, la trascendencia de escribir o no aquel artículo se vio encarnada en una personita.
Escribes un libro, una contraportada, un artículo, un post, hablas con un amigo, te equivocas en el fútbol, saludas en un establecimiento, eres amable...caray, es que todo tiene importancia. Todo.
No sabemos dónde puede 'saltar la sorpresa'.

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