viernes, 9 de abril de 2010

Le hablé de ti

La Santa Semana, a poco que uno se paré a reflexionar sobre el misterio de AMOR que supone, siempre permite descubrir cosas nuevas.
Estos días hemos podido escaparnos con las enanas a Torreciudad. Aunque ha sido un poco locura, hemos visto a amigos de hace tiempo y las peques se han oxigenado con el aire -un poco frío- del Pirineo.
El caso es que estuvimos en los oficios en el Santuario de Torreciudad. Allí, siguiendo la homilía del Viernes Santo como buenamente pude con Macarena en brazos, Lucía pidiendo galletas y Covadonga correteando por los alrededores escuché una cosa que me removió. No sé si era una anécdota que contó sobre el deseo de alguien, algo que algún santo ha dicho o en qué consistía pero venía a contar que una persona se murió y, al llegar al Cielo, preguntó por el ángel que consoló al Señor durante la tremenda agonía en el huerto de los olivos.
Hago un paréntesisi para recordar que lo que más 'hundía' a Jesús no era el sufrimiento físico que sabía que iba a pasar por nuestros pecados sino el saber que, pese a esa demostración de Amor, la gente seguiría pecando. Y lo que más le dolía era saber que los que son cristianos, tienen formación, saben lo que supone un pecado, aun así, los seguimos cometiendo. Dicen los que saben que cada pecado de cada persona de toda la historia lo cargó Jesús en esos momentos de sufrimiento. Es decir, cada cosa mala que hacemos, ya la sufrió Jesús. Pero, a la vez, cada cosa buena, supuso un alivio para Él en esos momentos.
Bueno, lo que decía, que un señor se muere y, al llegar al Cielo, pregunta por el Ángel que consoló al Señor en el huerto de los olivos. "Tenía ganas de conocerte y preguntarte: ¿qué le dijiste a Jesús en el huerto de los olivos para consolarle". El ángel se quedó mirándole y le dijo: "Le hablé de ti".
He de reconocer que se me heló la sangre de emoción. ¿Te imaginas que bonito sería que ese ángel, cuando te vea en el Cielo, pueda decir: "Le hablé de ti"?. Cada cosa buena que hacemos, cada detalle con los demás, cada esfuerzo por hacer las cosas bien, cada oración, cada sacrifico, cada sonrisa, cada desvelo por hacer la vida más fácil a los demás, cada lágrima de sacrificio...todo eso consoló al Señor. Y lo bueno es que, como Dios tiene eso, puedes hacer cosas que 'viajan en el tiempo' a aquel momento. ¡Qué chulo!

1 comentario:

  1. Jodido Borja, has conseguido emocionarme. Un abrazo, Nardo

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