miércoles, 1 de diciembre de 2010

Justificar lo injustificable

Sergio Ramos es un jugador que nunca ha terminado de convencerme. Creo que ha estado mal asesorado desde su llegada a Madrid. Pensé que nunca tendría la sangre suficiente para sustituir a Raul como capitán del Real Madrid.
Pero el lunes fue distinto. Fui uno de los millones de españoles que asistí sin poder hacer nada al espectáculo que dio el barça. He de reconocer que lo que más me enfadó fue ver la pasividad de los jugadores del Madrid. No es momento para esa frase tan madridista de "si ya lo decía yo". Pero ver cómo nos bailaba el Barça y disfrutaba el Camp Nou me hacía hervir la sangre.
Entonces llegó la patada de Sergio Ramos a Messi. La patada de la impotencia, del cabreo, del 'mecagüen', del no saber qué hacer... Es injustificable. No tiene perdón de Dios. Un jugador del Madrid no se puede comportar como un chulo de barrio que no acepta ser inferior. Es buscar tratar de frenar con malas artes la belleza.
Bueno, pues después de todo esto, he de decir que, en ese momento, vi por lo menos un mínimo arresto de orgullo. Una pizca de dolor. Me fastidiaba ver a los otros jugadores corriendo detrás del balón sin poner el esfuerzo necesario. Dejando que pasasen los minutos. Con horchata en las venas. Por lo menos a Sergio Ramos le dolía. Lo expresó mal. Pero mostró un punto de orgullo.
Te equivocaste, Sergio. Y hoy vas a pedir perdón. Pero, por lo menos, se te notó dolido. No como a otros.

1 comentario:

  1. Es una verguenza la deportividad de ciertos jugadores,como tu dices justificar lo injustificable todavia es mas vergonzoso.
    Bisca el barca!!!!

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