miércoles, 27 de octubre de 2010

Una ovación

Los dueños de una imprenta en Murcia se han negado a imprimir una revista gallega que se metía exprersamente con el Papa. No voy a poner la portada de la revista ni voy a decir su nombre.
Porque la noticia ya no es meterse con el Papa. La noticia es el aplauso que hay que dar a los de la imprenta que han dicho que ni de broma imprimen eso.
En un momento de crisis en todos sitios y, especialmente en los medios de comunicación, los de la imprenta han preferido perder un cliente a ser colaboradores necesarios en un insulto a B16. ¡Con dos huevos!
Como es habitual, ya han empezado a decir que es un 'secuestro de una publicación', censura y esas cosas. Pero, ¿sabéis realmente lo que es? Es un ejemplo de eso que alguna vez habréis oído de que hay de aquel que se avergüence de mí ante los hombres porque Yo me avergonzaré de Él ante los hombres. Pues estos tíos no se han avergonzado. Y amí me han dado un ejemplo. Y serán recompensados. Seguro.
¡Bravo! ¡Gracias por defender al Papa y a Dios!

viernes, 22 de octubre de 2010

El amor

Duffri me manda este vídeo. Y yo me digo: "Vale, ahora quéjate de tener que levantarte a darle un biberón calentito a tus maravillosas hijas de quince meses".´Cuántas veces estoy más guapo calladito.

jueves, 21 de octubre de 2010

Subirse al caballo

La tradición nos lleva a asociar la conversión de una persona con la figura de caerse del caballo. San Pablo y sus cosas.
el caso es que, a veces, la conversión no supone caerse del caballo sino hacer todos los esfuerzos para subirse a él y galopar con la antorcha para propagar el Fuego -por cierto, hoy el Evangelio es el del Fuego...je, je, je-.
Os dejo aquí el testimonio de una amiga que he descubierto hace poco -a la amiga y su conversión- y que contó hace un tiempo en un blog en Infocatólica.
Un apunte: JP2 tuvo mucho que ver.
Sólo me sale dar gracias a Dios. ¡Disfrutadlo!

"Antes de nada quiero explicarte que no soy una conversa en sentido estricto, así que no sé si lo que voy a contarte es lo que esperas. Soy católica desde mi nacimiento, educada en una familia católica, escolarizada en colegios católicos, y siempre he sido creyente.
Sin embargo, creo que me ocurrió lo que a muchos de los que nacimos tras el Concilio Vaticano II. La formación religiosa que recibí en el colegio y en la catequesis fue muy poco ortodoxa, muy deficiente y, sobre todo, absolutamente banal. Así que mientras viví en familia seguí practicando, pero en cuanto entré en la universidad y me marché fuera dejé de hacerlo. No le di demasiada importancia entonces; no hubo una ruptura premeditada, no hubo un rechazo a la Iglesia. Yo seguía creyendo en Dios, pero mi fe no tenía fundamentos sólidos. Me sentía católica, respetaba la Iglesia, tenía mucho afecto al Papa, pero no practicaba, no veía cuál era la importancia de hacerlo.
Lo que yo no sabía entonces es que alejarse de la Iglesia implica, de facto, alejarse progresivamente de Dios. No en el sentido de negarle ni mucho menos; es algo mucho más sutil y más difícil de reconocer: se trata de pasar días y días, meses y meses, año tras año sin pensar en Él, sin vivir Su Presencia. Al principio se sigue rezando, pero poco a poco eso se deja también. Y el tiempo pasa y el alejamiento crece.
En abril de 2005 murió Juan Pablo II. Un mes y medio antes de su fallecimiento compré un billete de avión a Roma para pasar un fin de semana de ocio. Pero algo ocurrió la semana anterior al viaje. Mientras veía la televisión y contemplaba a los cientos de miles de católicos que acudían a Roma para acompañar al Papa en los últimos momentos, recordé una escena de mi infancia, cuando en 1982 mi madre nos llevó a mis hermanos y a mí a ver a Juan Pablo II a Santiago de Compostela. Recordé las horas de espera, el frío, los bocadillos, y recordé cómo el Papa nos sonrió en el momento en que pasó cerca de nosotros. Y en ese momento, frente a la televisión, sentí una sensación de orfandad absoluta. Dos días después murió el Santo Padre. Y, esa noche, recuerdo que recé por primera vez en mucho tiempo y le dije: “no nos dejes solos, dile a Dios que cuide de nosotros, no te olvides de nosotros".
Llegué a Roma el día del entierro. Todavía no tenía claro nada más, sólo sentía una extraña emoción. Y lo que vi en Roma me abrumó. Aquellos cientos de miles de personas agolpadas en San Pedro esperando pacientemente, mujeres, niños, bebés, jóvenes, ancianos, religiosos y religiosas, sacerdotes jóvenes y sacerdotes mayores, de todas las nacionalidades, de todas las razas, de todas las clases sociales, de todos los rincones del mundo. Fue entonces cuando comprendí por primera vez lo que significa catolicidad, y sentí algo muy parecido a la nostalgia. Porque yo me sentía dentro y fuera de todo aquello. Me sentía católica como ellos, pero sabía que en realidad no era como ellos, no tenía lo que tenían ellos.
Por supuesto, no hubo fin de semana de ocio. Pasé los dos días en el Vaticano y de iglesia en iglesia en Roma rezando un misterio del rosario en cada templo. En aquel momento no sabía por qué lo hacía, no era consciente de ningún cambio, no había tomado ninguna resolución. Simplemente sentí la necesidad de hacerlo, la necesidad de entrar en aquellas iglesias, arrodillarme, bajar la cabeza (este detalle es muy importante) y rezar.
Volví a España y allí comenzó la búsqueda. Creo que siempre he sido una persona muy racional, necesito comprender, analizar, profundizar. Necesitaba entender todo aquello. Así que, por primera vez en muchos años, abrí los Evangelios. Y busqué durante noches y noches en vela datos sobre la historicidad de aquellos textos increíbles.
Siempre había aceptado que eran documentos históricos, no dudaba de la existencia histórica de Cristo, no dudaba sobre la Pasión, Muerte y Resurrección, pero era una creencia “teórica", jamás había reflexionado a fondo sobre esa afirmación. No había asimilado la inmensa grandeza, lo absolutamente gigantesco de esa afirmación. Me dije: “Algo me ha pasado, lo que tengo que hacer es averiguar qué es. ¿Es puro sentimentalismo? ¿Es emoción? ¿Es que necesito un apoyo?". Y supe que lo que debía hacer era comenzar por el principio: ¿qué había ocurrido en Palestina en el siglo I? ¿Qué había pasado para que aquellos 12 judíos que conocieron a Jesucristo cambiasen el rumbo de la historia? ¿Qué había ocurrido el Domingo de Resurrección? ¿Qué sabíamos realmente sobre aquello?
Durante varios meses investigué las fuentes históricas, leí todo lo que puede leer, compré libros, profundicé, estudié. Y, entonces -no fue en un momento exacto, sino más bien de forma gradual- comencé a ver la Verdad. No puedo explicar muy bien cómo fue, es como si uno viese levantarse poco a poco ante si un inmenso y deslumbrante iceberg. No hubo caída del caballo ni experiencia mística alguna. Sólo la certeza absoluta de que aquello era la Verdad, el convencimiento profundo de que la explicación cristiana del mundo es la verdad sobre el mundo, sobre el hombre, sobre la Historia, sobre Dios.
Pero estaba muy preocupada, porque esa vuelta me parecía sólo intelectual. Aquello era la realidad en si misma, la verdad; pero yo no sentía calor en el corazón, no había misticismo alguno, no sentía nada más aparte de la excitación de haber visto cómo se corría el velo. Y como muchos católicos poco formados, creía que el sentimiento era la base fundamental de la vida religiosa. También sabía que el siguiente paso era volver a la Iglesia, pero me frenaba la idea de tener que confesarme con un sacerdote después de tanto tiempo.
Seguí leyendo doctrina, padres apostólicos, apologética, teología, y dejé de lado todas las demás lecturas (de hecho, han pasado tres años y sigo dejando de lado otras lecturas). En ese proceso fueron muy importantes para mi dos escritores británicos: C. S. Lewis (su Mero Cristianismo me fascinó absolutamente) y Chesterton, con Ortodoxia y El Hombre Eterno. Siempre me ha gustado la literatura inglesa y los autores británicos, así que comenzar por ellos fue algo muy natural. Yo creo que puedo decir con convencimiento aquello de que Dios es un Gran Pedagogo; me llevó hacia Él a través de los autores, del pensamiento, que más se ajustaba a mi forma de razonar. En ese camino también me ayudó mucho Ronald Knox y, sobre todo, el Cardenal John Henry Newman.
Hay otro factor que ha sido tan constante en mi vida que a veces se me olvida mencionarlo, y para mí es muy importante incluirlo en el relato: las oraciones de mi madre. Estoy convencida de que es un elemento presente en la mayor parte de los regresos de católicos alejados. Ellas, gracias a Dios, nunca se rinden. Benditas sean, cuánto les debemos.
Y, bueno, una mañana, finalmente, bajé de nuevo la cabeza y acepté que tenía que volver a la Iglesia. Entré en un templo, me arrodillé en el confesionario y me confesé con un anciano sacerdote jesuita al que le expliqué todo lo que me había pasado. Fue muy emotivo, yo temblaba de emoción, apenas podía hablar, toda la emoción que no había aparecido antes surgió entonces. Y recuerdo que le pregunté: “¿por qué me ha pasado esto ahora? ¿Por qué a mí?” Y él sonrió, me señaló el techo con la cabeza y me dijo simplemente: “Es Él, todo esto viene de Él, es Él". Evidentemente no era la primera vez en tantos años de sacerdocio que se encontraba con una historia parecida.
He dicho más arriba que bajar la cabeza es importante, porque yo creo realmente que “humillar” el intelecto (como primer paso para entrar en un universo intelectual infinitamente mayor que aquel del que uno sale), aceptar que 2.000 años de cristianismo hacen de la Iglesia Católica la Gran Maestra, una maestra muy superior a lo que cualquiera de nosotros podamos decir sobre el cristianismo en nuestro pequeño puñado de años de vida, fue fundamental en mi regreso.
Al principio me encontré con aspectos del magisterio de la Iglesia -no me refiero a las verdades fundamentales- que me costó entender y asumir. Aspectos que yo rechazaba, o criticaba, o consideraba poco relevantes. Pero aquí hice exactamente lo que uno hace con una madre: confié, los acepté, y esperé. Los acepté y fue después de aceptarlos, de decidir voluntariamente aceptarlos, y de proseguir con el estudio y la oración, cuando fui gradualmente comprendiendo su significado y su profundidad. También descubrí el tesoro milenario de la liturgia (yo he vuelto por la puerta de la ortodoxia, sin duda) y tantas y tantas otras cosas.
De hecho, estoy todavía en periodo de aprendizaje, me queda mucho, muchísimo por aprender. Pero lo cierto es que ahora, cuando miro hacia atrás estos cuatro últimos años, veo claramente la acción de la Providencia en mi vida. Veo la suma de las pequeñas y grandes “no-casualidades” que me han traído hasta aquí.
Y doy gracias al Señor cada día por este regalo."

miércoles, 20 de octubre de 2010

Los dones

Covadonga, Lucía y Macarena son dones. Como me han dicho este fin de semana no son dones en el sentido de que son dones maravillosos de vida sino que me sirven para ser mejor.
Porque ser mejor es pensar en los demás -No jodas, ¿en serio?- y dejar de mirarse el ombligo. Por eso ellas son dones maravillosos que sirven para poner la vista al frente...bueno, realmente la vista la tengo que poner alrededor mientras ellas tres juegan a agarrarse a mis piernas y hacen 'cucu-trás' a carcajadas.
La verdad es que están de 'bocao'. Rebeldes...pero de 'bocao'.
En los últimos meses me he dado cuenta de que, para ser padre, hay que estudiar mucho y ser muy observador. No vale con tirar de cuatro cosas que uno cree que están bien para inculcárselas a tus hijos. A la hora de aprender los buenos hábitos, francamente, el método me parece siempre el mismo.
Por eso ha habido gente que lo ha estudiado durante mucho tiempo y ahora te pueden ayudar a lograrlo. Nos hemos apuntado al Curso de Orientación Familiar que se imparte en el colegio y estamos aprendiendo mucho. Por no hablar del 'máster' especial de este fin de semana con las monjas incendiarias (las 'Guadalullamas') y el 'pirómano' del padre Francisco.
Y uno se creía que lo sabía todo.
También es bueno aprender de otros que ya llevan mucho camino recorrido como mis padres o familias que descubrí hace tiempo como los Lozano o los del 5ºB. Todos tienen un importantísimo punto en común: buscan formarse para hacerlo bien.
Parece una tontería, ¿verdad? Pues es crucial.
Por eso no quiero dejar de agradecer la insistencia de Iñaki y Laura que, aunque en su momento no les hice caso, empezaron a abrirme los ojos. Ahora les han dicho que van a tener una tercera niña...tranquilo Iñaki. Es un premio. Te lo aseguro.
PD: la foto es de Photo Up.

martes, 19 de octubre de 2010

Vocaciones por el mundo

Mi amiga TRuiz me manda este link impresionante. Es una nueva iniciativa que se llama VOCACIONES POR EL MUNDO. La han lanzado una página de Internet MUY MUY MUY BUENA que se llama Jovenes Cristianos en Acción . Tienen un montón de cosas interesantes y una de ellas son estas historias de vocaciones. Empiezan con Pilar Gálvez. El pasado 12 de octubre entró en el convento de La Aguilera. Son dos vídeos. El segundo se puede encontrar aquí.

También se puede ver una historia parecida de Vanesa González, que también ha entrado con las clarisas. La segunda parte de Vanesa se puede ver aquí.

Suso va a flipar desde Sudán.

lunes, 18 de octubre de 2010

Perdón

Perdón. Quiero pedir perdón a todos mis amigos y familiares a los que invité al retiro con las monjas guadalupanas del pasado fin de semana. Quiero pedirles perdón por no haberles insistido para que viniesen. Por no haber hecho los suficientes sacrificios y rezado lo suficiente para que viniesen. Por no haber sabido expresar con palabras en qué consistía el retiro.
A todos...perdón.
Perdón porque ha sido INCREIBLE. Dios pasa por la vida de las personas cuando quiere y como quiere pero, caray, sin duda hay lugares donde se luce.
El Señor ha vuelto a sentarse a mi lado, me ha cogido la mano y ha dejado que vacíe el corazón de cosas inútiles. Luego me ha hablado con cariño pero con fuerza. Y se ha lucido.
El retiro ha estado centrado en la Eucaristía. En una de las charlas, el padre Francisco nos explicó en una clase teorico-práctica lo que es la Misa. Signos, oraciones, gestos, palabras...¿qué pasa en la Misa? Sin duda me ha complicado la vida. ¡Qué maravilla! Por favor, no permitáis que vuelva a faltar a Misa ni un solo día...
Quiero dar las gracias desde este pequeño rinconcito, casi anónimo, a todos los que han estado allí. A las 'Guadalullamas', por dejarnos participar de su fuego; al padre Francisco, que me cambió la vida una vez y ha vuelto a hacerlo; a Rafa y Loli, por su amistad, cariño y ejemplo; a Chema y Mercedes, por lo mismo que los Lozano; al resto de matrimonios que fueron a Loeches; a Miguel, Teresa, Luis, Carlota, Marta, Alvaro, Tomás, Jaime, Nuria, Marta, Chiqui...por sus desvelos para que todo fuese mejor ayudando a mover bancos, traer mantas, cuidar a mis hijas, preparar cines, servir mesas...; a las chicas de Verbum Dei porque la casa es una maravilla; a PajQ, que se vino a ayudar cuando lo fácil era estar en casa.
Y gracias, especialmente, a Elena, nuestro 'ángel de la Guarda', que nos guió en un Rosario de los que te cambian la vida. Gracias a Covadonga, Lucía y Macarena, porque pese a sus llantos, rabietas y pocas ganas de dormir, se han portado muy bien y nos han ayudado a profundizar en nuestro matrimonio.
Por encima de todos, gracias a María. Te quiero.
Y más por encima de todos, gracias al Señor...porque Él es así.
PD: Perdón a todos. Espero que podamos organizar otro dentro de poco para que podáis venir.

domingo, 10 de octubre de 2010

El preestreno

Han pasado unos días pero las sensaciones siguen frescas. Hace mucho mucho tiempo que dejé de ser un 'loco' de los autógrafos. De pequeño pedía muchos, especialmente a futbolistas. Desde hace años, quizá desde que empecé a dedicarme al periodismo, me parece más habitual 'codearme' con famosos y por eso les resto algo de trascendencia.
El otro día pude asistir al preestreno de La verdad de Soraya M. La película es magnífica. Si no fuese por la temática, podría pasar por una historia costumbrista de cine español. Una pequeña aldea en el interior de Irán donde una mujer es acusada de adulterio y sentenciada a ser lapidada. Un peliculón. Jim Caviezel hace un pequeño papel y vino a promocionar la película. Curioso, la película estuvo apoyada por el Ministerio de Igualdad. La mejor definición sobre Jim Caviezel la hizo la cantante Cristina del Valle: "Un hombre coherente con sus ideas". Otros le habrían llamado 'ultracatólico', 'retrógrado', 'casposo' y esas cosas. Bien por Cristina -que estuvo muy amable conmigo, por cierto-.
Bueno, tenía entradas. En el cine me encontré con Suso, PajQ y más amigos y amigas de Suso. Me quedé a ver entrar a Caviezel. Me parece un buen actor, es de Hollywood y, fundamentalmente, es la cara a la que suelo rezar. Su papel de Jesucristo en La Pasión me cautivó.
Caviezel llegó al cine con un pintón de los que quitan el hipo -eso me dijo Manuela, que se quedó conmigo a verle llegar-. Y, la verdad, es muy guapo. Para que negarlo. Se hizo las fotos de rigor y firmó algunos autógrafos. Yo me había situado al final de la entrada. Un chaval le pidió un autógrafo y él se acercó. Yo observaba la escena con mi mochila al hombro y con cierta distancia. Pero ya que se acercó justo donde estaba yo -ahí ya no había nadie- le extendí la mano. "Jim", él, en lugar de estrecharme la mano, la cogió como los colegas, "gracias por tu papel en La Pasión", -hay ocasiones en las que a uno, sin saber el motivo, le sale el inglés fluido-. Él se acercó un poco más. Cambió su cara de 'estreno' por un rostro de amigo. "Cuando rezo, tú eres la cara del Señor". Seguía con mi mano cogida. La soltó, me clavó los ojos azules en los que puedes leer su alma y me dio un cachete en la mejilla con una mano que podría ser una pala excavadora. Me sonrió con cariño y dijo: "Muchas gracias. Que Dios te bendiga".
Fátima me hizo esta foto.
Me quedé algo atolondrado. Quizá fue demasiado para mí sentir la mano de Jesús en mi cara. Y que nadie se lleve a engaño. Sé perfectamente quién es cada uno. Pero cuando uno trata de enamorarse de Jesús y le ponen una cara 'creíble' pues si llega y le da un cachete pues, que quieres que te diga,...bueno, que supongo que es muy difícil de explicar y me estoy metiendo en un jardín.
Pero entré en el cine Palafox con una frase: "los apóstoles estaban como borrachos de alegría...". Supongo que Dios se sirve de cualquier cosa...
Luego vi la película -la recomiendo-y empezó a gestarse el motivo por el que ahora le llamo Jim y no Caviezel. Pero esa es otra historia...con nombre de aldea Bosnia: Medjugorje.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Con Jim Caviezel

Estoy desbordado de trabajo...pero tengo mucho que contar.
He estado con Jim Caviezel.
Sin palabras.
¡Vaya dos semanas de sorpresas!