viernes, 25 de marzo de 2011

Manolo y la cuaresma

El otro día fallecía Manolo, el padre de Helena, amiga y lectora de este blog. Desde hacía varios meses estábamos rezando por él que padecía un cáncer.
Para mí, rezar por una persona que está enferma, se convierte en una carrera contrarreloj con un objetivo variable: uno es arrancarle al Señor un milagro de los que llenan titulares. Y, si no es conveniente -porque Jesús siempre sabe qué es lo que nos conviene-, mi intención es 'acumular' intercesiones por esa persona para que si tiene que pasar por el purgatorio lo supere lo más rápido posible.
Sin cocnoer de nada a Manolo he rezado mucho por él. Bueno, por él y por Helena, y por Pilar, y por Alicia, y por Miguel, y por Paula y por Alicia. Para que supiesen sobrellevar la pena y el dolor.
El caso es que, finalmente, el Señor quiso llevarse a Manolo. Helena me dijo que su padre se había confesado y comulgado pocas horas antes de fallecer. El sacerdote que le atendió dijo: "ha hecho una muy buena confesión". He de reconocer que, cuando Helena me lo dijo, me quedé con una gran paz. ¡Qué maravilla! ¡Al Cielo disparado!
Y entonces pensé que eso sí que era una noticia para titulares. Pero no nos damos cuenta. No sabemos reconocerlo.
Todo esto ha ocurrido en un momento como la Cuaresma en el que nos recuerdan que nos vamos a morir y que el objetivo en la Tierra es ganarse el Cielo. Si no...¿para qué?
Manolo, sin haberle conocido, me está ayudando a vivir mejor la cuaresma.

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