jueves, 30 de enero de 2014

Rezando por mi cardenal

Ya conté hace algunos años aquella magnífica experiencia que fue el acto de clausura de la Misión Joven. Fue una gran oportunidad para conocer parte de la alegría de la Iglesia. Una maravilla. (Leer crónica)
Allí tuve la oportunidad de entrevistar al cardenal Antonio María Rouco Varela. Mi cardenal. Mi pastor.
Como dije en aquel entonces fue una gracia de Dios saber que había una persona que me guiaba y me protegía en este azaroso mundo.
Allí tuve claro que había una persona a la que siempre podría acudir para contarle mis problemas, preguntarle mis dudas, presentarle mis angustias, participarle de mis alegrías y sugerirle mis ideas.
Desde entonces, el cardenal se ha convertido en una de las intenciones presentes en mis oraciones diarias. Seguro que él lo necesita y lo agradece.
Además, con el ligero rastro de interés por el Derecho que dejó mi pasó por la facultad, eché un vistazo hace tiempo al Código de Derecho Canónico -¡justo la especialidad de mi cardenal!- y me paré en el Título I. Me llamó la atención su enunciado: "De las obligaciones y derechos de todos los fieles". ¡Qué bueno! Los fieles tenemos derechos y tenemos obligaciones. ¡Cuántas veces se nos olvida! Entre los derechos que me otorga el Código como fiel católico se encuentra algo que yo había sentido en el corazón en el Madrid Arena pero que ahora quedaba refrendado por los cánones. Se trata del canon 212.2: "Los fieles tienen derecho a manifestar a los Pastores de la Iglesia sus necesidades, principalmente las espirituales, y sus deseos". ¡Qué maravilla! De esta forma ya sé que no estoy solo y que siempre puedo acudir a mi Pastor para pedir ayuda.
Siempre es un alivio saber estas cosas.
¡Gracias mi cardenal!

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